El huerto urbano, además de ser una actividad muy instructiva, nos permite acercarnos a la naturaleza mediante la horticultura y nos brinda la ocasión de disfrutar de ella en el mismo lugar donde trabajamos y vivimos, sin salir de la ciudad. Con esta actividad nuestros usuarios tienen la oportunidad de vivir cotidianamente la evolución de la naturaleza.
Por un lado, la horticultura nos ofrece un abordaje terapéutico que mejora la calidad de vida de todas las personas que la practican y, en especial, las personas con discapacidad física o intelectual: ayuda a recuperar cierta independencia, potencia las habilidades manuales para mantener una calidad de vida, etc.
Uno de los principios de la terapia hortícola sostiene que las plantas crecen, cambian, responden a los cuidados, no juzgan, estimulan los sentidos i ofrecen esperanzas. Pero lo más importante que brindan es que dan la oportunidad de crear vida. Esta creación de vida no es posible si no depositamos la semilla con nuestras manos dentro de la tierra y si no la regamos periódicamente. Estas acciones nos hacen sentir útiles, importantes y responsables.
Por otro lado nos enseña sostenibilidad, aprovechando recipientes que han sido reciclados para introducir tierra, utilizando tierra que ya no sirve en otros jardines e introduciendo materia orgánica vegetal que producimos en el mismo centro para crear humus.
Con el huerto urbano podemos trabajar diferentes objetivos:
- Adquirir y desarrollar hábitos de higiene y alimentación.
- Conseguir experimentar con todos los sentidos.
- Implicar al resto de usuarios en el conocimiento y en las atenciones que necesitan las plantas.
- Envasado final de los productos y conocimiento de su destino.
Cuidar un huerto se convierte en una actividad creativa, ya que podemos conocer nuevas plantas, variedades, compuestos, y recipientes. Nunca será igual porque existen muchos factores que influyen en el resultado y siempre habrá novedades para experimentar.







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